Ayer vacié el primer saco de la mañana y escuché el ruido. No era el zumbido parejo del motor. Era un golpe seco, fierro con piedra, dentro de la tolva. Apagué, metí la mano y ahí estaba: una piedrita del tamaño de un frijol, gris, bien escondida entre el maíz. Si la dejo pasar, raya los discos y la tanda sale con puntos negros.
Yo antes echaba el maíz directo del saco al molino. Creía que escoger era perder tiempo. Ese golpe me enseñó que escoger es cuidar el filo. Lo que sigue es lo que hace ahora todo operario que no quiere cambiar discos antes de tiempo.
La piedra viene en el saco
El maíz trae tierra, palitos y piedras. Viene del campo, del transporte, de la bodega. No es culpa del proveedor. Es condición del grano.
Una sola piedra basta para marcar los discos de hierro fundido. El disco rayado ya no muele parejo. Deja masa martajada de un lado y fina del otro. El operario aprieta más para compensar. El motor trabaja forzado. La masa sale caliente.
El daño no se ve el mismo día. Se ve en la semana, cuando la masa pide más agua y el filo ya no agarra.
Cómo se aparta sin perder tiempo
El escogido no es grano por grano. Es rutina de tres pasos antes de encender el molino de maíz.
- Tienda y mira. Vacíe la lata o el balde en una mesa o en una bandeja amplia. Con la mano extendida riegue el maíz en capa delgada. La piedra brilla distinto. El palito flota encima. Se aparta en segundos.
- Zarandee lo grueso. Una zaranda de mano o un balde con hoyos saca tierra y granos partidos. Lo partido fermenta primero y agría la masa. Lo que cae al fondo no va al molino.
- Oiga el primer minuto. Eche el primer balde despacio, con el motor ya en su paso. Si suena golpe, pare. Revise. Un minuto de paro cuesta menos que un juego de discos.
Esta rutina cabe entre una tanda y otra. No retrasa. Sostiene el ritmo.
Qué revisa en la semana
El operario que escoge también revisa. Tres puntos, una vez por semana.
Primero, la tolva. Pásela mano por dentro cuando el molino está apagado y desconectado. Si hay ranura con masa pegada de días, límpiela. Esa costra guarda acidez y mancha la masa nueva.
Segundo, el apriete. Si cada día necesita apretar más para el mismo punto de masa, el filo se está perdiendo. No lo compense con fuerza. Anote el día. Así sabe cuánto rinde su juego de discos con su maíz.
Tercero, el cajón de abajo. Mire si cae metal brillante entre la masa. Ese polvillo indica roce de fierro. Pare y revise discos y tornillería antes de seguir.
Lo que no va al molino
Al molino no va maíz con lodo. No van olotes. No van tuercas de la misma mesa. Parece obvio y pasa cuando hay prisa.
La mesa de trabajo también muele. Si la mesa tiembla, el grano entra a golpes. Si la mesa tiene tornillos sueltos encima, alguno termina en la tolva. Mantenga la mesa limpia y despejada. Solo el balde que está echando.
El saco abierto en el suelo junta humedad y tierra. Súbalo a una tarima o a un cajón. Cierre la boca con una vuelta. El maíz cuidado rinde más por quintal.
La piedra de ayer me recordó lo básico. El molino responde al cuidado previo. Maíz escogido, oído atento y revisión semanal. Así el filo dura, la masa sale pareja y la mañana no se detiene por un golpe que se pudo evitar.